El jaque «salvaje» de Bebi Fernández a narcos, proxenetas y puteros

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La joven Kassandra, criada al amparo de un padre narcotraficante, se ve obligada a pagar las deudas de su progenitor cuando este fallece y lo hace entrando a trabajar en un prostíbulo de Alicante como recepcionista y chica de los recados. Mientras compagina este trabajo con sus estudios en la universidad, comienza a conocer las cloacas del mundo de la prostitución, la explotación sexual, los asesinatos impunes, la violencia machista y el tráfico de estupefacientes.

Es el arranque de «Memorias de una salvaje», de la criminóloga, escritora y activista online Bebi Fernández (jamás ha desvelado su imagen ni identidad), especializada en delincuencia organizada y que, junto con su segunda parte, «Reina», compone la bilogía «Salvaje».

De la mano de su protagonista, que comenzará a utilizar el alias ‘K’, la escritora nos sumerge en un mundo descarnado y cruel ante el que solo se vislumbran dos caminos: resistir o morir. Mediante las amistades que fragua Kassandra entre las mujeres prostituidas en el burdel, su propio coraje y su aprendizaje de defensa personal, decide indagar y pelear en el demencial tablero de ajedrez que se despliega ante ella, contra narcos, proxenetas y puteros.

En esa partida, Kassandra estará sola por momentos, pero en otros contará con la ayuda de otras mujeres, conformando una red de solidaridad femenina que le dará fuerzas en los momentos de casi inevitable rendición.

Bebi Fernández demuestra con estos dos libros su asombroso conocimiento del mundo del narco y de la prostitución organizada. Lo pone en evidencia, lo denuncia y lo desmonta, aunque para ello en ocasiones tenga que generar situaciones que rozan lo superheroico o tenga que recurrir al deux ex machina.

Lo principal es que su protagonista no solo actúa sino que reflexiona a cada momento, y todas esas reflexiones, el juego de espejos al que se enfrenta, sus duras caídas y remontadas conforman una valiente denuncia social de los repugnantes mundos que tenemos al lado, en cada ciudad, en cada pueblo, en cada carretera, pero que actúa como si fuera subterráneo, tan impune como podrido. Darle lo que se merece es la libertad de esta autora. Quizás alguna ‘K’ esté ahora mismo deseando nuestra ayuda.

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