La igualdad en el ámbito laboral no solo debe abordarse en la brecha de género de los salarios, que sigue siendo abismal, sino también los propios puestos de trabajo. Hay sectores enormemente masculinizados en los que las mujeres llevan muy poco tiempo abriéndose camino, y uno de ellos es el de la construcción.
Desde los primeros cimientos encontramos un proyecto de construcción edificatoria en Bilbao: su primer centro cultural feminista, La Sinsorga. Lo han impulsado por Irantzu Varela y Andrea Momoitio, dos transgresoras periodistas que han decidido transformar un centenario atelier de vestidos de novia en este espacio.
Quieren llevar a cabo la obra solo con mujeres y que el proyecto sirva para crear una base de datos dentro de un sector tan masculinizado como el de la construcción. Cinco obreras son las encargadas de reconstruir este antiguo símbolo del amor romántico.

Y para documentar todo el arranque del proceso, las cineastas Marta Gómez y Paula Iglesias las han acompañado durante un año. Ha querido reflejar cómo la transformación se abre paso a través de un relato donde el costumbrismo de la obra convive con un universo performático en el que asoman sus miedos y deseos.
El documental «Llámame Sinsorga» es el resultado de todos estos esfuerzos. La palabra «sinsorga” es popular en Bilbao ya que se ha utilizado históricamente para denigrar a las mujeres, aunque en este caso se convierte en un símbolo de empoderamiento y rebeldía.
Todo un desafío al patriarcado y a los roles de género donde realmente se puede afirmar, explícitamente, que el feminismo también se construye piedra a piedra y que ningún proyecto cultural está de más para romper con los moldes y los estereotipos:




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