Está considerada una de las escritoras en catalán más influyentes de su época. Y lo hizo en un periodo, antes y después de la guerra civil, en el que no era nada fácil escribir en esta lengua y en la que la que todavía las mujeres luchaban por abrirse camino en la narrativa contemporánea.
Ahora, una de sus obras maestras, «Espejo roto», regresa con una puesta de largo a cargo de la reedición que ha realizado Seix Barral, prologado por Rosa Montero. Con ello, la editorial recupera la magistral historia de esta obra, que relata los pormenores de una casa señorial barcelonesa y sus habitantes desde principios del siglo XX hasta los años inmediatamente posteriores a la guerra civil.
Es, además, una grandiosa puesta en escena de la desolación y caducidad del ser humano. De hecho, esta crónica familiar se ha impuesto con los años como uno de los títulos mayores de la narrativa hispánica contemporánea.
Mercè Rodoreda nació en Barcelona en 1908. Tras la guerra civil, se exilió primero a Francia y luego a Ginebra, en Suiza, regresando a Catalunya en 1979. Murió en Girona en 1983. Sus obras se han traducido a más de veinte lenguas.

En 1938 obtuvo el Premio Crexells con su novela «Aloma», de la que aparecería una edición revisada por su autora en 1969. Posteriormente publicó los volúmenes de relatos «Vint-i-dos contes» (Premio Victor Català 1958); «Mi Cristina y otros cuentos» (1967) y «Viajes y flores» (1980).
En su haber se encuentran también las novelas «La plaza del Diamante» (1962) -el mayor éxito de la narrativa catalana contemporánea-; «La calle de las Camelias» (1966), por la que obtuvo el Premi Sant Jordi, el de la Crítica y el Ramon Llull; «Jardín junto al mar» (1967); «Cuánta, cuánta guerra…» (1980); y las novelas póstumas «La muerte y la primavera» (1986) e «Isabel y Maria» (1992). En 1980 recibió el Premi d’Honor de les Lletres Catalanes.
La reedición de «Espejo roto» es una oportunidad para descubrir a esta gran autora, cuya incansable necesidad escribir dejó patente en el prólogo de la primera edición de este libro:
«Escribo porque me gusta escribir. Si no me pareciera exagerado diría que escribo para gustarme a mí misma. Si de rebote lo que escribo gusta a los demás, mejor. Quizás es más profundo. Quizás escribo para afirmarme. Para sentir que soy… Y acabó. He hablado de mí y de cosas esenciales en mi vida, con una cierta falta de medida. Y la desmesura siempre me ha dado mucho miedo».


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