Cinco libros… y los que queden. Todo un universo distópico que avanza y retrocede en el tiempo y que lleva 17 años haciéndose cada vez más asombroso y detallista a través de una de las sagas literarias más impresionantes y populares del mundo: «Los juegos del hambre», de la escritora y guionista estadounidense Suzanne Collins.
El primer libro lo publicó en 2008, tras algunas experiencias literarias que ya bebían de la fantasía de «Alicia en el país de las maravillas» y similares. Pero la historia del país imaginario de Panem, trasunto de un Estados Unidos conformado por un Capitolio déspota y 12 distritos a los que castiga con unos despiadados juegos de supervivencia por haberse rebelado en el pasado, fue un auténtico bombazo.
En ello jugó un papel fundamental la creación su heroína, Katniss Everdeen, tributo del distrito 12 y protagonista absoluta de los dos siguientes lanzamientos: «En llamas» (2009) y «Sinsajo» (2010). Una antiheroína, introvertida y desconfiada, que va transformándose en una auténtica semidiosa.
Tras las tres entregas literarias, pasaron diez años, en los que Collins participó en su adaptación cinematográfica, para mayor gloria de Jennifer Lawrence.

Hasta que dio la gran sorpresa: las precuelas. «Balada de pájaros cantores y serpientes» se publicó en plena pandemia mundial de coronavirus, en 2020, para llevarnos al pasado, a la juventud del pérfido Coriolanus Snow, futuro presidente de Panem, y su relación con el maravilloso personaje de Lucy Gray Bird, también tributo del distrito 12.
La capacidad de la autora para meterse en los personajes, sus reflexiones, sus miedos, sus pasiones y sus frustraciones, consiguió que pudiéramos olvidarnos de la magnética Katniss, sobre todo por conocer cómo eran los juegos del hambre en sus inicios y cómo se transforma el personaje de Snow hasta convertirse en un auténtico monstruo.
Y para mayor regocijo, ahí no quedó la cosa. Suzanne Collins regresó el año pasado con «Amanecer en la cosecha», que transcurre tiempo después del anterior y narra los juegos en los que participa Haymitch Abernathy, el que 16 años después será el mentor de Katniss.

Toda una trama de narrativas y saltos en el tiempo con una inquietante curiosidad. Los tres primeros libros están escritos en primera persona, desde la mente y la voz de Katniss. La escritora abandona este registro en la primera precuela. «Balada de pájaros de cantores y serpientes» está contado en tercera persona, Collins entra en las reflexiones y deseos de Snow, pero tomando distancia. Y, finalmente, en «Amanecer en la cosecha», regresa a la primera persona para convertirse en Haymitch. Es decir, la autora solo deja ese registro para los tributos de los distritos.
De cualquier forma, recorrer de un tirón los cinco libros de la saga es una experiencia única. Es cierto que después de «Sinsajo», cuesta regresar al pasado sin que todavía exista Katniss, pero Collins se encarga de enganchar al lector mediante numerosos guiños y respuestas a preguntas que quedan en el aire en los primeros libros.
Su estilo sencillo, la acción trepidante, el dibujo psicológico de sus personajes hasta el mínimo detalle y la ruptura de estructuras narrativas convencionales, hacen de esta saga un tesoro irrepetible.
Después, están las películas. Pendientes del estreno de la adaptación de «Amanecer en la cosecha», todas ellas son muy fieles a los libros y ayudan a trazar una arquitectura más firme del imaginario de Panem y sus macabros juegos. Pero en ellas perdemos la riqueza de los pensamientos de sus protagonistas, tan importantes en los libros, y su perfil psicológico queda en ocasiones diluido en los efectos visuales.

Suzanne Collins se inspiró en el mito griego de Teseo y el Minotauro para alumbrar sus «Juegos del hambre». La imposición de sacrificios humanos, los de los hijos de la rebelión contra Creta, fue la principal influencia. Durante mucho tiempo también se la ha criticado por haberse basado íntegramente en el aclamado libro «Battle Royale» (1999) del escritor japonés Koushun Takami. Y el parecido, desde luego, es tan asombroso como sospechoso.
No obstante, aunque así fuera, Collins ha sabido ir mucho más allá. Su universo se ha expandido de tal manera que ha generado su propia simbología: desde las canciones hasta los sinsajos, desde los tributos hasta el Capitolio, la revolución de Panem la convierte en auténtica ganadora de sus propios juegos. Y siempre dejando una pregunta en el aire: ¿continuará?




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