Fue una de las pocas mujeres que se dedicó en España a regentar una gran imprenta y cuyo nombre apareció como editora en ejemplares de escritores del siglo XVI. Brígida Maldonado, originaria de Salamanca, se casó con Juan Cromberger en torno a 1524. Este último era hijo de Jacobo Cromberger, quien regentaba la imprenta más importante de Sevilla durante ese siglo.
Según el estudio que sobre esta mujer realizó la Universidad Complutense de Madrid, no solo se trataba del taller más activo de la Península Ibérica durante este siglo, sino que además tenía el privilegio de imprimir y vender libros en América.
Brígida Maldonado procedía de la familia Carón, libreros en Salamanca, por lo que tenía
conocimientos del mundo de los negocios y del comercio de libros. Tomó las riendas de la empresa cromberguiana en 1540, cuando falleció su marido, debido a que su hijo
mayor, Jácome, tenía solo quince años y no estaba preparado para hacerse cargo de los
negocios familiares.
En este período, llamado de transición (1541-1545), la imprenta alcanzó gran prosperidad. No obstante, y como era tristemente habitual, Maldonado prefirió mantener el nombre de Cromberger en los colofones y firmaba las obras como «Viuda de Juan Cromberger» o «en casa de Juan Cromberger».
Las pocas veces que firmó con su nombre -como en el noveno libro de Amadís de Gaula (1542)-, también incluyó su pena con formas como «la desdichada viuda» o «la triste Brígida Maldonado».

Lo cierto en este período, en el que ella regentaba la imprenta hubo varias innovaciones como ediciones príncipes de importantes libros espirituales, entre los que figuran obras de escritores reformistas destacados como Juan de Cazalla o Constantino Ponce de la Fuente.
Después sí aparecería de forma sistemática su nombre. Todos los estudiosos coinciden en la calidad y cantidad de las obras impresas durante este periodo de transición. Con talento comercial, sabía sacar partido a los gustos del público. Por ejemplo, sacó al menos tres ediciones de «Silva de varia lección», de Pedro Mexía, que se había imprimido en otro taller sevillano en 1540, para el que obtuvo un privilegio exclusivo de publicación.
Se arriesgó además a publicar títulos nuevos entre los que no faltaron los reformistas o autores espirituales como Juan de Cazalla, Constantino Ponce de la Fuente y, muy probablemente, fray Domingo de Valtanás Mejía.
La editora publicó algunos libros en ediciones desglosables, que permitían la venta de libros por secciones o completas. Para las grandes ferias o cuando zarpaban naves para América era capaz de sacar una producción extra, subcontratando la impresión con otros talleres sevillanos.
Maldonado se convirtió en toda una pionera de su tiempo, aunque no en la única, ya que por entonces, y en años venidores, en España existían varias mujeres que regenteban imprentas, aunque en los libros no figuraban sus nombres. Algunas de ellas se recogen en el trabajo de Laura Carrillo, Lourdes Gutiérrez y Purificación Lafuente «Mujeres impresoras», disponible en la Biblioteca Nacional de España.




Deja un comentario