Las tres mujeres que ya han hecho historia con el inquietante sonido de «Sirât»

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Lo primero que vemos cuando arranca la espléndida «Sirât», de Oliver Laxe, es el montaje de un bloque de altavoces, uno a uno, en pilas, hasta formar un gran tótem o casi un edificio en mitad del desierto. Después, empiezan a sonar y lo hacen junto a miles de personas que se agrupan a su alrededor dejándose llevar por una música envolvente, atronadora y mágica. Nadie piensa en nada más. Solo en lo que el sonido, la música, le pide a sus cuerpos.

Ese arranque musical, junto con las decenas de tramas sónicas que inundan la bajada a los infiernos que narra esta película, es obra de tres mujeres: Laia Casanovas, Amanda Villavieja y Yasmina Praderas. Están nominadas al Premio Oscar por el Mejor Sonido y es la primera vez en la historia de los galardones que esta nominación está dirigida a un equipo únicamente femenino.

Ha sido una sorpresa a medias. Las tres sonidistas recogieron este mes en Berlín el Premio de la Academia del Cine Europeo en esta categoría. Todo parecía indicar lo que ha sucedido: «Sirât» no solo opta al Oscar a la Mejor Película Internacional, sino también al Mejor Sonido, esa narración paralela que juega un papel tan fundamental en la catarsis final de la película.

En una entrevista con Efe, esta tríada de mujeres reflexionan sobre cómo se han convertido en referentes para las estudiantes de cine, la dificultad de recoger el audio en el desierto o la oportunidad de dar más visibilidad al sonido como arma narrativa en las películas. Casanovas ha explicado que sonidistas de grandes producciones de Estados Unidos la han felicitado por ello, así como por haber conseguido conformar un equipo enteramente femenino.

«Nos cuentan que en Hollywood estos departamentos están aún más masculinizados y que les encanta que una película de la que se destaca el sonido la hayan hecho tres mujeres».

En el caso de la película de Oliver Laxe, una de las mayores dificultades fue grabar en una planicie de suelo calcáreo que se deshacía al pisarlo. Los enormes muros de piedra de la película también creaban reverberaciones y el viento y las tormentas de arena tampoco ayudaban.

Toda la grabación y montaje final es una obra maestra por sí sola que además abre la puerta de nuevo al talento femenino, ahora con una nominación en Hollywood que ya es un premio en sí mismo al crecimiento exponencial de la fuerza creativa de las mujeres.

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