Todo «Lo que no se ve» pero se intuye en los cuentos de Cristina Fernández Cubas

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La magia literaria de Cristina Fernández Cubas es como la de un artesano que poco a poco va dando forma a un elemento que intuimos pero que nunca llegamos a saber lo que es. Lo imaginamos, hacemos cábalas, buscamos posibles explicaciones pero al final es la incertidumbre lo que queda. O una certeza inestable, volátil.

La que ya es, por derecho, una de las mejores cuentistas de España despliega de nuevo ese poder de sugestión en «Lo que no se ve», una nueva entrega, compuesta de seis relatos en los que vuelve a ahondar en el trauma, la obsesión, lo inesperado, la identidad, la infancia y lo inexplicable. Todo ello, en varias tramas autónomas que comienzan con una realidad cercana pero que poco a poco se transforman en algo fantástico. Su magia.

De entre todos los cuentos, brillan con especial intensidad «Tú Joan, yo Bette», todo un homenaje a la película «¿Qué fue de Baby Jane?» y al enfrentamiento que supuso entre sus dos actrices protagonistas, Bette Davis y Joan Crawford, que traspasó los límites del rodaje y que ya Ryan Murphy exploró en la magnífica serie «Feud».

«Momonio» es quizás el más aterrador de los relatos y donde el título del libro adquiere mayor significado. La historia de un grupo de amigos universitarios a los que la presencia convocada de una «otredad» separa para siempre, y que a la vez es un canto al final de la juventud y de las esperanzas.

En «Il Buco», la literatura fantástica de la escritora adquiere todo su esplendor mientras sigue la diatriba de un hombre en una ciudad que no debe nombrar, porque una presencia, un grupo de seres, una oscuridad en un hueco, un «buco», le ha hecho un encargo que debe realizar a toda costa, mientras su matrimonio de desmorona.

Son muchas más las teclas que Cristina Fernández Cubas toca en «Lo que no se ve». Al igual que en otros libros de relatos como «El ángulo del horror» o en «La habitación de Nona», su terror no es el del susto o el mero suspense, sino el de la posibilidad de poder tocar con la manos el terror que habita en cada persona. Una sombra íntima y poderosa que esta gran autora catalana nunca ha dejado de explorar.

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