
«Sabrás que lo que se acaba, se acabó mucho antes y no se acabará del todo hasta tiempo después». Esta es una las frases más impactantes con las que Lucía Solla Sobral riega de emociones desbordadas su debut literario, «Comerás flores», una novela que ha subido como la espuma en popularidad durante los últimos meses.
Desde el arranque de la novela, ya sabemos que su joven protagonista, Marina, no nos lo va a poner fácil. Nos abre las puertas de un abismo, el del duelo por la muerte de su padre. Ahí, la escritora gallega ya despliega una riqueza narrativa que engancha pese a que no suceden grandes cosas. Aparentemente.
Con el duelo aún sobre sus espaldas y recién graduada, Marina conoce a Jaime, un hombre 20 años mayor que ella que irrumpe en su vida colmándola de atenciones y planes. Le ofrece un amor arrebatador y acaparador donde la autora ya deja vislumbrar la sombra de algo que no funciona.
Porque, en poco tiempo, la vida de Marina da un vuelco: pasa de compartir piso con su mejor amiga Diana, de ir a conciertos y de salir de fiesta a instalarse en el cómodo apartamento de Jaime y cenar cada fin de semana en los mejores restaurantes.

Deslumbrada por la sofisticada vida adulta y el encanto de su novio, quien también se gana a su familia, Marina se ve sumergida por completo en su mundo, comenzando a olvidar lo que la definía.
Su identidad se desdibuja, comienza a interiorizar las iras de Jaime, una violencia sutil, disfrazada de encanto y de dedicación malsana, que van deteriorando a la protagonista, hasta caer en un vacío que no puede, no sabe, no quiere afrontar.
Con una prosa que oscila entre la delicadeza lírica y la crudeza visceral, «Comerás flores» explora qué significa ser joven, madurar y construirse una identidad. Es una novela sobre las distintas caras del amor y los espejismos de las relaciones desiguales, las dificultades del duelo y la amistad como refugio.
Pero sobre todo, este libro es un manual de supervivencia para detectar el maltrato subliminal de los hombres violentos . Una carrera de obstáculos invisibles, un espejo de la violencia psicológica y un canto a la esperanza de la fuerza femenina.



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