
Dentro de unas semanas hará tres años que falleció Juliet Marion Hulme, escritora de origen británico que alumbró casi medio centenar de novelas policiacas ambientadas en la época victoriana, bajo el seudónimo de Anne Perry. Está incluida en el listado de los cien mejores escritores de misterio del siglo XX que publicó en 1998 el periódico The Times.
Desde la publicación de la primera de ellas, «Los crímenes de Cater Street«, el morbo por su lectura se hizo evidente entre determinados seguidores. Perry tenía un escalofriante pasado y durante muchos años había permanecido «escondida».
El 22 de junio de 1954, cuando residía en Christchurch (Nueva Zelanda), y tenía solo 15 años cometió junto con su mejor amiga, Pauline Parker, el asesinato de la madre de esta última. El motivo nunca estuvo del todo claro pero durante el juicio afloró que la madre de Parker quería evitar a toda costa la profunda relación de las dos amigas, que iba mucho más allá de la amistad.

El caso, hoy ya olvidado, fue conocido como ‘Parker-Hulme’ y las dos adolecentes, por ser menores de edad, fueron condenadas a cinco años de privación de libertad. Pese al profundo vínculo que existía entre ellas, nunca más volvieron a tener contacto.
Este suceso sirvió de base a la película «Criaturas celestiales» (1994) del director neozelandés Peter Jackson. En ella, con muchos de los componentes cinematográficos que luego desplegaría a raudales en la magnífica adaptación al cine de «El señor de los anillos», dio a conocer además a una jovencísima Kate Winslet.
La actriz encarna a Juliet (Anne Perry) y en ella, el cineasta explora el mundo mágico, fantasioso y tremendamente íntimo que ambas jóvenes crearon, pero que les llevó a un terrible asesinato ante su inminente separación.
Tras cumplir su condena, Juliet Hulme regresó a Inglaterra y se convirtió en asistente de vuelo. Durante un tiempo vivió en Estados Unidos y después se estableció en el pueblo escocés de Portmahomack, donde vivió con su madre. Su padre, un brillante científico, fue muy conocido por su distinguida carrera, encabezando el programa británico de la bomba de hidrógeno.
Fue a finales de los años 70 del siglo pasado, cuando Juliet cambió su nombre por el de Anne Perry, usando el apellido de su padrastro. Su primera novela, la mencionada «Los crímenes de Cater Street» ya fue publicada con ese seudónimo. Fue el inicio de una saga protagonizada por el policía Thomas Pitt y su esposa Charlotte Pitt. En 2003 ya había publicado 47 novelas y algunas colecciones de relatos.

Anne Perry era profundamente religiosa y eso se vislumbra en sus novelas victorianas, pero en ellas también aflora, de manera fascinante y sorprendente un feminismo poco habitual para la época y una crítica brutal a las creencias y a los dogmas que llevan al fanatismo, y por añadidura, al asesinato.
Ella nunca habló públicamente de su pasado, de su crimen. Publicó una novela tras otra y fue reconocida por ello. Hoy en día no tiene un reconocimiento muy arraigado, al menos en España, pero resulta de lo más clarificante analizar cómo desentraña los entresijos de la mente de un asesino y de sus «motivaciones». Solo por eso merece la pena navegar por algunas de sus novelas.


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