
Llegó el 8 de Marzo, Día Internacional de las Mujeres. Aunque somos conscientes de que solo es una fecha y de que lucha contra el machismo y los discursos ultras constituyen una amenaza ante los numerosos avances de la última década, la confianza en una cultura feminista sigue siendo una bandera inquebrantable.
Tras nuestra anterior publicación sobre arte, cine y televisión, hoy queremos destacar uno de los libros más revolucionarios que se han escrito sobre la igualdad real: «Feminismo vibrante. Si no hay placer, no es nuestra revolución», de la periodista Ana Requena Aguilar.
Es todo un manual que rompe con los roles establecidos sobre el placer femenino y su castración machista. La ruptura del silencio contra la violencia y el acoso sexual ha ensombrecido durante años otro punto de vista que también forma parte del empoderamiento: el placer de las mujeres.
Ana Requena pone ahí el acento. Frente al terror sexual, el feminismo también es trasladar el foco sobre el deseo, la autonomía sexual y el derecho de las mujeres a ser sujetos del sexo y del placer y no solo objetos.

Recuerda que la sexualidad ha sido una de las armas del patriarcado para disciplinar a las mujeres. Por eso, ahora más que nunca, «necesitamos afianzar un relato feminista que nos permita combatir los estereotipos que aún nos lastran, reconstruir el deseo y la forma en que nos relacionamos, y conquistar el derecho al placer».
La hostilidad masculina frente a la masturbación de las mujeres es solo un ejemplo de los muchos que la periodista recoge en base a testimonios y reflexiones que son, por sí mismas, una pelea constante para conseguir esa igualdad sexual, también en lo conceptual y en lo cotidiano.
Y acompañamos este libro con una canción: «Vampire», de la joven cantante, compositora y actriz californiana Olivia Rodrigo, tras su reconversión de ‘chica Disney’ a ídolo de madurez. Se ha convertido en uno de los himnos (adolescentes y no tanto) contra las relaciones tóxicas heredadas del patriarcado. Aquellas en las que el hombre ejerce su dominio sobre la mujer a base de un desgaste continuo, de un amor agobiante y excesivo que anula la voluntad femenina.

Esta canción, una auténtica obra maestra musical en su producción, melodía y letra, es un despertar ante esa situación, y por ello, da las claves, las señales, para detectar cuándo llegan las red flags de este tipo de relaciones:
«The way you sold me for parts
As you sunk your teeth into me
Bloodsucker, famefucker
Bleeding me dry like a goddamn vampire»
Todo un alegato que cuenta un vídeo musical, dirigido por la artista canadiense Petra Collins, en el que la cantautora lucha contra sus propias heridas, contra la exposición pública de su dolor, hasta finalmente poder gritar y liberarse de una culpa que la atenaza, que no le pertenece y que finalmente expía.


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