
Durante décadas, el mundo del tatuaje ha sido territorio sólo para los hombres. Pero eso no detuvo a algunas mujeres portentosas: desde las primeras pioneras que tatuaban en carpas de circo hasta las contemporáneas admiradas como lo que son, artistas de primera línea.
Así lo destacan las tatuadoras de Woman Tattoo, un estudio de tatuaje de Madrid integrado únicamente por mujeres y creado por Rebeca Robledo. Es el primero en España de estas características y sigue la estela de otros pioneros en Londres, Los Ángeles o Berlín.
Este grupo de mujeres relata que, como ha ocurrido en otras disciplinas, nunca se hablaba de las mujeres tatuadoras, y destacan el papel de la pionera, Maud Wagner, la primera registrada en Estados Unidos. Aprendió el oficio de su esposo, Gus Wagner.
Empezó a tatuar en 1907, no usaba máquina y todo lo hacía a mano (stick and poke). En una época donde las mujeres no podían ni votar, Maud tatuaba marineros, obreros y viajeros de feria, con un arte un poco rudimentario pero directo y efectivo.

Algo después, en los años 20 y 30, su estela la siguió Mildred Hull, que se hizo notar en el Bowery, Nueva York, siendo la única mujer tatuadora entre una legión de hombres que se resistían a aceptarla. A pesar de ello, tenía un local propio y una clientela fiel. Su historia no fue de vino y rosas, ya que la soledad y las presiones del momento la marcaron profundamente.
Woman Tattoo cuenta que actualmente, algunas interesantes tatuadoras se alejan del entorno comercial, utilizando la aguja para contar otro tipo de historias. Tratando cicatrices, duelos, sexualidades diversas, «memorias que no caben en el mainstream«.
Los pocos estudios llevados o protagonizados por mujeres no venden “experiencias”, sino que ofrecen espacios donde «se respeta el cuerpo, se negocia el diseño, se comparte dolor y tinta sin paternalismo».
«No queremos decir que en los masculinos no se haga, porque hay extraordinarios estudios pilotados por hombres, pero ellas llegan al mismo lugar por otro camino. Una propuesta alternativa (que no es mejor ni peor, sino otra). Y no es postureo, es historia».


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