Antes de «La sustancia», Coralie Fargeat se marcó una bizarra y violenta «Revenge»

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Hace ocho años, la cineasta y guionista francesa Coralie Fargeat dejó perplejo al público de varios festivales de cine independiente, entre ellos el de Sitges, con «Revenge».

Su despliegue de body horror, de violencia explícita y de bizarrismo fue ya la antesala de lo que después sería la aclamada y polémica «La sustancia», con el regreso de una espléndida Demi Moore nominada al Oscar.

Coralie Fargeat

Todos los elementos que pusieron a la directora en el foco de la fama estaban ya en «Revenge» y el boca a boca viral funcionó como una ametralladora. No nos contaba una historia muy realista, nos mostraba un espectáculo exaltado, casi un videoclip y, desde luego, una declaración de intenciones.

La película cuenta la historia de tres hombres adinerados que se reúnen en mitad de una lujosa casa en mitad del desierto para su juego de caza anual. Pero esta vez, uno de ellos viene acompañado de su amante, Jen, una mujer joven y muy atractiva que despierta rápidamente el interés de los otros dos.

Las cosas se complican dramáticamente para la protagonista, intepretada por la actriz italiana Matilda Lutz, especializada en el cine de terror. Dada por muerta en medio del infierno del desierto, la joven vuelve a la vida de la manera más inesperada y el juego de caza se convierte en una venganza implacable.

Es en el momento en que Jen despliega sus alas vengadoras, cuando debemos aceptar (o no) lo que viene. Nada es muy creíble, pero es tan asombrosamente divertido como desconcertante. Y muy gore. No apto para estómagos sensibles.

Entre sus coloridos y explícitos fotogramas, la joya de la película viene de la mano de una lata de cerveza y de una herida imposible en el cuerpo de la joven. Eso sin mencionar su estrepitoso y delirante final.

La cuestión más profunda de «Revenge» está en su trasfondo. Si en «Una joven prometedora», la cineasta británica Emerald Fennel nos contó una venganza cocida a fuego lento, más profunda y verosímil, Coralie Fargeat apuesta por lo más demencial, por las vísceras de una defensa personal ante el abuso sexual, el crimen machista y la rabia furiosa de quien no tiene nada que perder.

Por eso las aristas de esta película no importan. Es original, divertida y emocionante. Y manda un mensaje muy claro: cuidado con lo que violas, destrozas o matas. Ese sexo débil siempre estuvo mal adjetivado.

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