Crímenes, humor negro, lesbianas y adrenalina para parar un tren en la demencial serie australiana «Deadloch»

Written by:

En nuestras antípodas se hacen auténticas maravillas. Series australianas como «The Slap» o «Redfern Now» se convirtieron hace años en un referente para el audiovisual europeo y en una ventana para el público que desconoce el enorme peso de los aborígenes en este país.

Años después, «Deadloch» ha roto todos los moldes. Lo primero, porque no se toma tan en serio a sí misma como otros dramas anteriores y, lo segundo, porque al no tener esos complejos, se lo permite todo. Absolutamente todo.

Creada, dirigida, producida y escrita enteramente por mujeres, capitaneadas todas ellas por Kate McCartney y Kate McLennan, la historia nos sitúa en la ciudad que le da nombre a la serie, en la región de Tasmania. Durante las preparaciones del Festival de Invierno, aparece un hombre muerto.

Allí viven tranquilamente Dulcie, una sobria inspectora de policía, y la entregada y apasionada Cath, veterinaria del pueblo. Conviven y se aman a lo loco, pero su parsimonia cotidiana se va al traste cuando los crímenes, todos de hombres, comienzan a multiplicarse.

A partir de ese momento, la inspectora Dulcie debe aceptar de forma obligatoria la ayuda de otra inspectora, un tormenta alocada llamada Eddie, recién llegada de Darwin, con un pasado estrepitoso, unas formas inauditas y un olfato detectivesco algo atrofiado.

El cóltel Dulcie-Eddie parece imposible. Pero sus directoras lo agitan sin cesar hasta que sale una pareja de investigadoras que no solo debe hacer frente a un posible (o una posible) serial killer, sino que además, mientras intentan investigar, la personalidad excéntrica del pueblo sale a relucir en cada rincón, haciendo casi imposible su trabajo.

La comunidad de lesbianas enfrentada a los machos alfa de la localidad, la juventud femenina aborígen intentando hacerse un hueco entre unas masculinidades casi primitivas, forenses y comisarios engreídos y homófobos y clases altas que hacen pasteles y compran islas a golpe de talonario.

Un microuniverso demencial fusionado en «Deadloch» para llevarnos a tirones por una narración repleta de adrenalina, diálogos desternillantes y situaciones llevadas al límite.

No es que la serie sea muy creíble pero consigue disfrazarse casi con total perfección. Hay que entrar en su juego, aceptar las reglas y disfrutar. Y no perderse ni un detalle, porque tampoco escatima en pequeñas huellas, unas costuras de los personajes que pueden no significar nada o pueden configurarlo todo.

La primera temporada de esta locura australiana tuvo tanto éxito que sus fans consiguieron que sus creadoras, el dúo de Kates, alumbrara una segunda entrega, pero abandonando la localidad de origen y llevando a Dulcie, Cath y Eddie a la región de Darwin para resolver otra trama entre más cadáveres, cocodrilos, familias enfrentadas, un calor de mil demonios y ‘culo-pichas’ intrigantes.

Todo rezuma feminismo, descaro y disfrute en esta inigualable serie. Por momentos puede agobiar el ritmo narrativo, que no da ni un respiro ni deja apenas tiempo para pensar, pero ese parece ser su objetivo: tampoco te pases reflexionando, que aquí hemos venido un montón de mujeres a pasárnoslo bien y reírnos de todo.

Deja un comentario