
Hace tres años, la historia de Nora y Hae Sung, dos amigos de la infancia con una fuerte conexión, emocionó a medio mundo. «Vidas pasadas» se coló entre las grandes nominaciones de los Premios Oscar y dio a conocer en todo el mundo el talento de su directora y guionista, la surcoreana Celine Song.
Este drama romántico cautivó por su sabia interpretación de las emociones y devenires de sus dos protagonistas. La historia de su separación cuando la familia de ella emigra desde Corea del Su, hasta su reencuentro doce años después, huye de los tópicos del genero con una elegancia y sensibilidad hasta entonces sobredimensionada en el nuevo romanticismo cinematográfico.
Ese reencuentro en Nueva York, que remueve los recuerdos de ambos, sus ideas acerca del amor y el destino, les hace preguntarse por las elecciones que conforman una vida, y que pueden hacerla cambiar en una fracción de segundo.
La premisa es muy diferente en su segundo largometraje. «Materialistas» también nos lleva Nueva York, pero en esta ocasión para caminar junto a Lucy, una joven matchmaker (casamentera) interpretada por Dakota Johnson, que se ve envuelta en un triángulo amoroso entre un apuesto financiero multimillonario (Pedro Pascal) y su exnovio (Chris Evans), un actor de poco éxito que fue el primer amor de su vida y con quien compartió planes para un futuro común.
Resulta llamativo que la cineasta, que también es una conocida dramaturga, componga en ambas películas sus encuadrados planos de distancias medidas, casi estáticas, exactamente como si estuviera sobre las tablas de un teatro. También repite su fórmula sin estridencias: diálogos amables, sinceros, de bajo tono. Lo suficiente como para que no odies a ningún personaje.
Sin embargo, esta elegancia no funciona igual en ambas películas. Lo que en «Vidas pasadas» es una emotiva demostración de cómo el amor puede transitar por vías inesperadas y mutar de manera sorprendente, en «Materialistas» apenas deja espacio para la empatía.

Es evidente que Celine Song tiene un pulso propio para narrar historias románticas. Una atracción que además enfoca en ambos casos en el papel protagonista femenino. No esconde lo que quiere contarnos. Pero en su segundo largometraje naufraga, rindiéndose ante lo previsible, lo que considera auténtico, pero fallido.
De cualquier forma, la cineasta y guionista demuestra un talento que es importante no perder de vista. La historia del cine está atiborrada de «dramedias» románticas cortadas por el mismo patrón, casi siempre masculino. «Vidas pasadas» y «Materialistas», salvando sus diferencias, son la demostración de que otro tipo de cine es posible. Más elegante. Más cine.


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