
Con más de una quincena de películas a sus espaldas, el nombre de la directora estadounidense Debra Garnik no es apenas conocido en el cine comercial, pero sí en los circuitos independientes.
En el año 2010, cuando ya contaba con una sólida trayectoria en el cine de las pequeñas salas, su película «Winter’s Bone» comenzó a despuntar hasta colarse en la carrera de los premios cinematográficos más importantes.
Fue el despegue de una de las grandes actrices de Hollywood. Jennifer Lawrence tenía entonces 17 años y encarnó a Bree, una adolescente que vive una zona rural de Missouri y que se hace cargo de su familia, que vive en pésimas condiciones, con su madre enferma y dos hermanos pequeños.
Su padre, tras salir de la cárcel en libertad condicional, ha desaparecido misteriosamente y, si no aparece, la familia perderá su casa por lo que encontrarle se convierte entonces para la joven en una cuestión vital.

La película fue nominada al Premio Oscar en las principales gategorías, incluida Debra Garnik también como guionista, y Lawrence también, por su interpretación. No lo ganó (eso sería dos años despues por «El lado bueno de las cosas») pero fue su puerta de entrada a la fama, convirtiéndose en una de las actrices mejor pagadas de su generación. Y lo hizo gracias al pulso de la directora por centrar en los personajes más jóvenes todo el foco de acción. Especialmente en la agria tesitura de Bree y en los oscuros personajes del mundo rural que se cruzan en su camino. Por cierto, «Winter’s Bone» esconde una memorable de interpretación de Sheryl Lee, la famosa Laura Palmer de «Twin Peaks».
La pista de Debra Grenik se perdió después, al menos en los altares comerciales, pero no dejó de despuntar. Su última película fue hace ocho años y volvió a llamar la atención de las grandes salas y a impulsar la carrera de otra joven actriz.
«No dejes rastro», realizada en 2018, cosechó decenas de premios en Estados Unidos entre los circuitos de los críticos. Cuenta la historia de un padre y su hija de 13 años, quienes viven una vida tranquila aislados en un enorme parque nacional de Portland, Oregon, hasta que un pequeño error complica sus vidas para siempre al ser detenidos por la policía.

Su joven protagonista fue la neozelandesa Thomasin McKenzie y también en este caso, gracias a su magnifica interpretación dándole la réplica a un Ben Foster en estado de gracia, alzó el vuelo con papeles que la colocarían en primera línea como en «Jojo Rabbit», «Última noche en el Soho» o «El poder del perro».
Desde «No dejes rastro», Debra Grenik no ha vuelto a dirigir ninguna película. Durante los últimos años ha desarrollado proyectos en formato documental, como «ConBody Vs. Everybody», una miniserie en la que invirtió casi siete años de trabajo.
Después, ha intentado acar adelante nuevos largometrajes, como una adaptación basada en el libro de investigaciones sobre empleos precarizados en Estados Unidos («Nicked and Dimerd»), aunque la financiación y la gestación de sus obras independientes suelen tomarle largos periodos.
Ojalá pronto pueda volver a sorprender con su certera construcción de personajes jóvenes, enfrentados a un mundo agrio y cruel, en una Norteamérica real y alejada de sueños imposibles.



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