
Petra Biondina Volpe es una de las cineastas europeas más comprometidas con los principales problemas sociales que afectan a su país. Esto, siendo Suiza una nación tradicionalmente neutral y aparentemente tranquila, resulta del todo sorprendente.
Esta guionista y directora, después de trabajar durante años en varios cortometrajes, guiones y películas para la televisión, despuntó en 2017 cuando dirigió «El orden divino», donde abordaba, en clave de tragicomedia, la tardía llegada del sufragio femenino a Suiza, que aunque muchos no lo sepan, no fue hasta 1971.
Hasta entonces, en Europa nadie se había atrevido a abordar una cuestión tan espinosa. El sistema político suizo se basa en referéndums frecuentes donde la ciudadanía decide por votación popular. Para aprobar el sufragio femenino, se requería una enmienda constitucional que debía ser aprobada exclusivamente por los hombres con derecho a voto. Es decir, no fue nada fácil.
Por eso Petra Volpe arrojó una luz necesaria, con mucha chispa, sobre una cuestión compleja y algo olvidada. La película tuvo un discreto éxito, pero le sirvió para sentar las bases de su compromiso social, que hace dos años arrasó con «Turno de guardia», su última y mejor película.

La gran actriz Leonie Benesch (muy conocida por su descarnados papeles en «Sala de profesores» o «La cinta blanca») interpreta a Floria, una enfermera que trabaja con gran dedicación y profesionalidad en el ala quirúrgica de un hospital suizo.
Nunca comete un error, siempre escucha a sus pacientes incluso en las situaciones más estresantes y siempre está disponible de inmediato en caso de emergencia. Pero en la dura, y muchas veces impredecible, realidad diaria del hospital las cosas pueden ser diferentes.
La película, que aborda una jornada laboral en la que el hospital no dispone de recursos suficientes, sigue a Floria cuando llega para trabajar en el turno de tarde. La sala de urgencias está completamente llena y hay falta de personal. A pesar del ritmo frenético, la enfermera trabaja incansable para atender a todos los pacientes, pero comete algunos errores y todo se convierte en una pesadilla.

Pegada a la nuca de Floria, «Turno de guardia» recorre habitaciones, pasillos, escaleras y ascensores, entre llamadas de emergencia profesionales y personales. Se pega a una angustia que va creciendo poco a poco, compartiendo con la enfermera su impotencia y desesperación por no poder llegar a todo.
De hecho, el título original de la película es en alemán es «Heldin», que significa «Heroína». Es decir, todo lo que la protagonista es cada día y lo que deja de ser cuando llega el colapso emocional. La directora, además, totalmente involucrada en ponerse en la piel de la enfermera, no deja atrás otros asuntos como los privilegios de la sanidad privada que concierta con la pública o la falta de empatía con una profesión que damos por sentada, por sacrificada.
Al final de la película, se ofrecen varios datos sobre la situación de la sanidad pública en Suiza y en todo el mundo, dejando patente una crisis estructural en la profesión enfermera en particular, y en el sistema sanitario en general. Con ello, «Turno de guardia» resulta una brillante radiografía agónica casi de no ficción (aunque lo sea) sobre una profesión ligada al género femenino y tan necesaria como poco cuidada. Es una lección magistral para que el sistema deje de exigir a las mujeres más de lo que pueden dar.


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