Gilead, 15 años después: «Los testamentos» y la esperanza feminista de Margaret Atwood

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Casi 35 años tuvieron que pasar para que Margaret Atwood decidiera darle una secuela a la fabulosa distopía que en 1985 fraguó con «El cuento de la criada».

En 2019, la afamada escritora, profesora y activista estadounidense decidió que había llegado el momento de que supiéramos qué pasó en el país ficticio Gilead, esa autodenominada república que derroca al imperio más poderoso del mundo para instaurar una dictadura donde la represión, la religión y la violación en pro de la fecundidad, sumen a su población en un asfixiante régimen.

Por entonces, la serie que adaptaba «El cuento de la criada» ya había volado libre. La primera temporada narraba los hechos del primer libro, con algunas variaciones, pero a partir de ahí, sus creadores decidieron que la historia televisiva de June Osborne tomara otros derroteros.

La sorpresa fue mayúscula cuando la novelista decidió publicar «Los testamentos», secuela de su primer libro y que transcurre 15 años después. La novela se convirtió inmediatamente en un auténtico fenómeno literario y recibió el Premio Booker de 2019.

No era para menos. Narrada a través de las voces de tres mujeres, la escritora nos sumerge en esta ocasión entre Gilead y Canadá, el principal país de acogida y refugio de aquellos que consiguen huir de la aplastante dictadura.

En primer lugar, Tía Lydia, la líder suprema de todas las ‘tías’, mujeres encargadas de «entrenar» a futuras criadas y esposas, nos habla a través del ológrafo de Casa Ardua. No sabemos cuáles son sus intenciones, pero hay algo en su memoria que resuena como un eco y no la deja tranquila.

También en Gilead, una joven llamada Agnes, denominada como ‘Testigo 369A’, se prepara para abandonar su formación y convertirse en esposa de alguien importante. Se ha criado con una madre que le ha ocultado su verdadero origen, y tras su fallecimiento, comienza a desvelarse ante ella una realidad que rompe todos los muros de silencio y represión que deben definirla en su futuro rol.

Y por último, en Canadá, Daisy, la ‘Testigo 369B’, vive con tremendo aburrimiento y ganas de revolución su vida de adolescente, bajo la tutela de unos padres que se comportan de manera extraña. Su futuro quedará en manos de Mayday, la red de resistencia clandestina que opera dentro y fuera de Gilead.

Las tres mujeres narran los acontecimientos que provocarán el final literario que esta maravillosa distopía siempre ha merecido. En su segundo libro, además, Atwood decide que las criadas pasen a un segundo plano, un acierto que nos ayuda a comprender los hechos más allá de los límites del primer libro.

«Los testamentos» ha vuelto a dispararse como fenómeno literario después del reciente estreno (también) de la serie. No está claro si sucederá lo mismo que con «El cuento de la criada». Pero al margen de su destino televisivo, como bilogía distópica literaria, ambas obras vienen a confirmar que es la esperanza feminista, el valor de las mujeres y la ruptura de sus roles, lo único que supera a los misiles, los tanques y las balas. Palabra de una escritora única ya convertida en la mayor visionaria de un mundo no tan lejano.

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