
Hace meses hablamos del libro «Hamnet», de la fabulosa Maggie O’Farrell, como una de las mejores obras de la literatura en los últimos años. No solo por su sorprendente argumento sino por su registro narrativo, repleto de intimidades, sentimientos, ambientes únicos, algunos mágicos y otros claustrofóbicos. Y una estructura no cronológica nada fácil de reconstruir.
Era una misión casi imposible llevarla al cine sin encallarse en los tópicos en torno a la figura de Shakespeare, el maestro de la literatura inglesa de cuya biografía apenas se conocen datos, pese a las especulaciones de todo tipo que se dan por ciertas sin base histórica ni documental.

La propia Maggie O’Farrell decidió participar en su adaptación cinematográfica. No solamente exigió que fuera una mujer quien dirigiera la película de su obra cumbre (con permiso de «Retrato de casada»), sino que quiso participar el guion, para que no perdiera la esencia de su historia: el amor, la pérdida, el duelo y la redención.
Y de la mano de la escritora, la cineasta lo logra. Ese pulso de narración realista, embarrada pero luminosa, que ya destacó en «Nomadland», la película que la encumbró tras arrasar en los Premios Oscar en 2020, se repite en «Hamnet» para ponerse al servicio de lo que mejor se podía adaptar del libro: su ambientación.
Para ello, cuenta con un reparto capitaneado por la oscarizada Jessie Buckley, en el papel de Agnes, que se come al magnético Paul Mescal, con su mimetización, primero con la ilusión y luego con el dolor, de una mujer especial que es fruto de un bosque, de las aves y de los poderes sobrenaturales.
Su expesión corporal, su rostro y su conexión con la naturaleza resuenan en la película agrandando su drama de fondo. La directora extrae para el personaje de Agnes todo lo que se puede extraer del libro y lo adorna con las exquisitas partituras de Max Richter. El resultado es una preciosidad. Así de cursi y certero.
El argumento renuncia al puzzle del libro y el guion opta por el orden cronológico de la historia. Ese es uno de los cambios. Y el otro es su maravilloso final. No es exactamente el mismo del libro. Es muy parecido, eso sí, y además el elegido para la película respeta su espíritu y emociona de la misma manera.
Ese culmen es lo mejor de la película, como también lo es del libro. Agnes acercándose al escenario de un teatro. Agnes dudando, indignada. El príncipe renace. Agnes en primera fila. Expectante, asombrada, maravillada. Agnes alzando su brazo. Después redimida y redentora. Agnes y su hijo para siempre.


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