Primero fue Eva Hache, ahora Henar Álvarez: las mujeres tienen «más presencia» en televisión, pero «no más relevancia»

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Eva Hache y Henar Álvarez

En España, fue un hito histórico cuando hace 20 años la gran humorista y monologuista Eva Hache presentó «Noche Hache» en la televisión. Lo hizo desde 2005 hasta 2008 en en Canal Cuatro, y fue la primera mujer en capitanear un late show, un espacio reservado hasta entonces exclusivamente para hombres.

De hecho, tras el rumbo marcado a principios de siglo, las mujeres liderando programas de entrevistas nocturnos apenas se cuentan con los dedos de una mano.

Hoy en día el mejor exponente es Henar Álvarez, la primera en liderar un formato de este tipo en la televisión pública española. Y no ha sido fácil: «Al cielo con ella» primero se emitía exclusivamente en RTVE Play antes de saltar a La 1. Su enfoque es feminista y el equipo es mayoritariamente femenino.

Sin embargo, aunque hay más visibilidad, las mujeres todavía no son escuchadas en condiciones de igualdad y no se ha roto totalmente con la brecha de género.

Henar Álvarez en «Al cielo con ella»

«No hemos dejado atrás la figura de la mujer ‘florero’, decorativa, silenciosa y sin poder real. Hoy es menos frecuente, pero ha mutado hacia formás más sofisticadas: con más presencia, pero no siempre con mayor relevancia«.

Lo señala Elena Neira, profesora de los Estudios de Ciencias de la Información y de la Comunicación de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC).

Según esta institución académica, los datos avalan esta percepción. Un estudio masivo del 2024 que analiza más de 32.000 horas de televisión y radio concluye que las mujeres continúan «infrarrepresentadas»: tienen menos tiempo de palabra, menos presencia y, sobre todo, menos centralidad narrativa y poder discursivo.

Otras investigaciones recientes (2025) apuntan en la misma dirección: pese al aumento de personajes femeninos, los estereotipos persisten y la representación no siempre implica una transformación real del relato. En muchos casos, «son más vistas que escuchadas».

Una violencia simbólica

Esta desigualdad, según la UOC, debe entenderse como una forma de violencia simbólica: «Reduce a las mujeres a presencia decorativa, a cuerpo, y las despoja de autoridad, de voz, de historia y de complejidad».

En algunos formatos, la presencia de las mujeres es simplemente decorativa. En otros formatos están, pero no consiguen tener un papel destacado ni protagonista. «No es una violencia espectacular ni explícita, pero precisamente por eso es tan efectiva: naturaliza la idea de que las mujeres están en pantalla para adornar o validar», añade Herrera.

La televisión tiene todavía, por tanto, mucho camino por recorrer. Las expertas insisten en que el reto ya no es solo cuantitativo. «Es importante no quedarnos únicamente con la presencia de más mujeres en pantalla, sino preguntarnos cómo están construidos sus personajes, qué función narrativa tienen y si realmente desplazan la mirada patriarcal».

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