
La inquietud de Yasmina Reza por la naturaleza humana la ha llevado siempre a bucear en sentimientos escondidos. Los que afloran cuando algo (o alguien) se esconde o se reprime durante mucho tiempo frente a condicionantes y limitaciones disfrazados de costrumbre. O cuando una situación te desborda.
Así lo reflejó la escritora, dramaturga, novelista y actriz francesa en su obra cumbre, la pieza teatral «Un dios salvaje». Ahí ya dejó claro que nada es lo que parece, que las apariencias no solo engañan, sino que pueden destruir toda una vida y que explotar puede ser una forma redención.
Entonces ya había fraguado el núcleo principal de casi todas sus obras y crónicas: la familia. Esa institución que siempre ha parecido intocable, sagrada, eterna. Lazos de sangre que pocos se atreven a romper cuando están envenenados o dejan marcas tan dolorosas como imborrables.
En «Felices los felices», también desentrañó parte de estos elementos desde la ficción. Con su peculiar estilo mixto de drama y humor negro dejó claras las bases de su narrativa.

Pero durante todos esos años, Yasmina Reza se había dedicado también a asistir a diferentes procesos judiciales en tribunales franceses. Algunos muy mediáticos, otros menos conocidos, pero todos impactantes.
Así nació su último libro, «Casos reales», una crónica en la que intercala su particular análisis de estos juicios con vivencias personales muy breves: encuentros, diálogos, experiencias íntimas, reflexiones.
¿Qué llevo a la escritora publicar una obra tan sui generis? Porque no es una crónica periodística, ni una autobiografía, ni siquiera una mezcla de ambas. Es un híbrido en el que intenta comprenderse a sí misma en situaciones que van desde la ternura hasta la muerte de seres queridos, mientras intenta desentrañar lo que llevó a ciertos hombres y mujeres a cometer diferentes crímenes.
La materia primera le daba para una enciclopedia, pero esa no fue su opción. En «Casos reales», Yasmina Reza se viste de sus particulares frases cortas (y cortantes) para extraer de los juicios a los que asistió aquello que más le llamó la atención: una mirada perdida, una chaqueta mal puesta, un gesto amable.

Aprovecha asimismo para contarnos solo lo que ella quiere. Casi siempre las circunstancias que llevaron (o no) a una mujer a querer matar a sus hijos o a un hombre a asesinar a su esposa y esparcir sus restos por todo el jardín. No, no lo explica. No, no lo comprende. Solo lo cuenta. Un antecedente. Un dato sobre su familia. Una frase que cambió la vida del criminal.
Como gran escrutadora, también deja auténticas perlas de las intervenciones de abogados y fiscales. Frases sueltas, aparentemente insustanciales, que pueden inclinar la balanza hacia uno u otro lado. Pero ahí está ella para dejar la cuestión inacabada. Saquen ustedes sus conclusiones.
Llama por último la atención que la cronista solo introduzca un caso político: el proceso judicial de Nicolas Sarkozy por corrupción, tráfico de influencias y financiación ilegal de sus campañas políticas. Y aquí es donde se permite bromear cómodamente sobre la personalidad del expresidente francés.
De cualquier forma, Yasmina Reza nos regala un compendio de experiencias que inquietan. Las suyas y las ajenas. Una narradora para la historia que deja otro poso de realidad, esta vez tan doloroso como la vida misma.


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