No es tu dolor, es el mío: Laia Abril, fotografía y memoria de la endometriosis

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«Endometriosis: el dolor silenciado 1860-2026» es el clarificador título con el que la artista barcelonesa Laia Abril, la más joven hasta la fecha en recibir el Premio Nacional de Fotografía, expone por primera vez en PhotoEspaña.

Seguro que todavía hay muchas personas que ni siquiera saben de lo que le están hablando cuando les mencionan esta enfermedad.

Pero fue en 1860 cuando se describió por primera vez la endometriosis, una enfermedad inflamatoria crónica que afecta a unos 190 millones de mujeres y personas con útero en todo el mundo, provocando dolor intenso, hemorragias, esterilidad, distensión abdominal y náuseas.

A pesar de su prevalencia, sigue siendo escasamente investigada. La medicina ha tomado históricamente el cuerpo masculino como modelo universal, perpetuando un sesgo que conduce a diagnósticos tardíos y a la desestimación del dolor: hasta un 83 % de las pacientes asegura haber sido informada de que sus síntomas eran normales, exagerados o psicológicos.

Marie Blanche Wittman, más tarde conocida como La reine des hystériques, ingresó por primera vez en La Salpétrière en 1877, a los 18 años. Fue una de las pacientes más célebres del neurólogo Jean-Martin Charcot, maestro de Sigmund Freud y especialista en hipnosis para tratar la llamada histeria, un trastorno considerado entonces de origen femenino, con síntomas neuróticos diversos y una supuesta “propensión a causar problemas”.

Endometriosis, 2026. ©Laia Abril

Históricamente, tanto la histeria como el dolor pélvico severo se abordaron con métodos hoy estremecedores: tampones impregnados en opio o belladona, aplicaciones de cocaína, éter o cloroformo, sanguijuelas o duchas vaginales extremadamente calientes.

Ahora, esta instalación inédita de Laia Abril reúne los cuerpos fragmentados de siete personas con endometriosis, mostrando la disociación necesaria para sobrevivir.

Las imágenes evocan violencia obstétrica y abandono institucional. Heredera de su muestra anterior «On Mass Hysteria«, la obra establece una continuidad histórica entre la patologización de los cuerpos femeninos y la persistente deslegitimación del dolor.

Y, ante todo, denunciando cómo, en el ámbito de la salud sexual y reproductiva, la medicina ha operado con frecuencia más como mecanismo de control que de cuidado.

Desde hace unos años, esta enfermedad es más visible, diagnosticada y tratada. Pero, como en cada avance feminista, queda mucho camino por recorrer y el arte vuelve a ser ahora un altavoz para convertir lo silenciado en grito.

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