Murió Marjane Satrapi, pero no sus dibujos, palabras y lucha por el feminismo

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Si hay un referente del feminismo más puro en el mundo, ese es el que hizo germinar y calar Marjane Satrapi en toda una generación. Porque lo hizo desde la honestidad, casi involuntariamente, cuando decidió contar su vida en la aclamada novela gráfica «Persépolis», en cuatro tomos entre los años 2000 y 2003.

El nuevo siglo arrancaba así con algo inédito en el género de la historieta: no solamente trascendía mundialmente un cómic más allá de las franquicias sino que lo hacía con la voz poderosa de una mujer que se asomaba a su biografía desde la lucidez, la ternura, la crítica y un lenguaje revolucionario.

En ‘Persépolis’, la autora franco-iraní relata su niñez en Teherán durante la revolución islámica que impuso en su país de origen el régimen del ayatolá Jomeini, y que supuso un retroceso en los derechos civiles de la sociedad del país y una autocracia de terror y censura.

Hoy en día, asomarse a las páginas de este libro sigue siendo sorprendente. Porque, para quien no lo sepa, Irán, en los años 70, fue un país donde se escuchaba punk y rock & roll, se leía de todo y las mujeres disfrutaban de (casi) todos sus derechos. Eso acabó y empeoró hasta el día de hoy, cuando una guerra sin sentido sigue sin solucionar nada.

Después, la escritora decidió proseguir su historia con su exilio en Europa y con el enorme choque cultural y generacional con el que tuvo que lidiar en varios frentes. Pero ante todo, fraguó una magnífica historia en blanco y negro, con viñetas tan sencillas como deslumbrantes. Un estilo irrepetible que después que repitiría en sus posteriores libros, «Bordados» y «Pollo con ciruelas».

No obstante, «Persépolis» fue siempre su gran obra. La buena recepción de la crítica hizo de Satrapi participara en 2007 en la adaptación cinematográfica del libro, junto a Vincent Paronnaud, que obtuvo el Premio del Jurado en el Festival de Cannes.

La película hizo que el libro fuera aún más conocido, siguiera traspasando fronteras y llegara a varias generaciones. En sus páginas, su humor contagioso, su tristeza vitalista y todas sus aventuras calaron en las mujeres de todo el mundo. Una lección feminista. Su propia revolución.

Tras el arresto, tortura y ejecución de la joven iraní Masha Amini por no llevar el hiyab como impone el régimen de los ayatolás, un hecho que conmocionó a todo el mundo y desató una ola de protestas sin precedentes, Satrapi dirigió en 2022 el videoclip de la canción «Baraye», el himno de las protestas, y coordinó un año después la obra coral gráfica «Mujer, vida, libertad» junto a expertos y otros dibujantes.

Y es con esa lección con la que nos quedamos tras el fallecimiento de Marjane Satrapi. También con otras muchas. Ante todo, su activismo cultural y político, enfocado en la resistencia contra la represión de las mujeres y la libertad de expresión, a través de manifestaciones y conferencias internacionales.

Su legado será eterno. Mientras descansa en paz, la voz empoderada y feminista de esta escritora, cineasta y activista seguirá resonando entre quienes seguimos confiando en que la verdadera libertad y la cultura feminista siempre irán de la mano.

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