
«El Mago de Oz» siempre ha sido considerada una de las mejores películas musicales de la historia del cine Y es cierto que Victor Fleming hizo auténtica magia en 1939, cuando adaptó la historia original de L. Frank Baum, con una Judy Garland eterna en ese recorrido por el camino de baldosas amarillas. Imaginario colectivo y canciones por los siglos de los siglos.
Pero más de medio siglo después, en 1995, el escritor Gregory Maguire decidió darle un giro insólito a la película cuando escribió la novela «Wicked». A finales de esa década, el libro se convirtió en musical con partituras de Stephen Schwartz y libreto de Winnie Holzman. Su estreno mundial fue en 2003. Todo un éxito.
La rueda siguió girando y ese triunfo hizo que la película llegara 20 años después, en 2024, de la mano del cineasta Jon M. Chu. La dividió en dos partes y consiguió una magnífica adaptación del musical (y del libro). Con ello, el mundo de Oz se convirtió en otra cosa. Nada de brujas malas y buenas. Fuera roles femeninos estereotipados y anacrónicos.
La historia transforma a Elphaba (Cynthio Erivo), esa bruja mala del oeste del clásico de 1939, en una joven con un pasado traumático, una estudiante que sufre marginación por su color de piel y una activista por los derechos de los animales, empoderada por su capacidad para hacer magia y hechicería. Mientras, la presunta Bruja Buena, Galinda/Glinda (Ariana Grande), se convierte en su mejor amiga, pese a que no desarrolla ningún poder y es más popular entre los estudiantes.

Pero es en la segunda entrega cinematográfica de «Wicked» la que transcurre en paralelo a «El Mago de Oz» donde se desvela que la supuesta villanía de Elphaba no es más una campaña de propaganda inventada por ese falso mago para mantener su poder y tapar sus propios crímenes.
El giro trágico en los destinos de ambas es inevitable y en la historia de su amistad y de sus relaciones con otros personajes también se desvela el origen del Hombre de Hojalata, el Espantapájaros y el León Cobarde. Incluso del ciclón que provoca la llegada de Dorothy al mundo de Oz.
La obra cambia por completo la perspectiva del clásico, pero lo más interesante es que lo hace rompiendo esos estereotipos que tanto han clado en muchas generaciones. Porque hay un «hada» sin poderes, una bruja que no es mala, y ante todo, y como destacamos hace meses, una sororidad inquebrantable entre las dos protagonistas.
Ahí, entre las bambalinas de un clásico, Cynthia Erivo y Ariana Grande consiguen lo que es casi imposible: revisar una película encumbrada en los altares del séptimo arte para ofrecernos, sin romper su esencia, otra perspectiva de los hechos. Más feminista, más real y más humana.
Pese a la ingenuidad, la sobrecarga cheesy y algunos giros de guion algo truculentos, tanto el musical como las dos películas pueden presumir de haber dado al público la posibilidad de abrir otra mirada deslumbrante a una amistad a prueba de balas. Igual de fantástica, igual de posible, mientras Dorothy intentaba regresar a su casa.


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