Una jueza de «Hierro» para comprenderlos a todos: Candela Peña en estado puro

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Desde que fue Vanesa en «Días contados» (1994), una de las pocas películas sobre ETA que se hicieron durante los últimos años de plomo de la organización terrorista, Candela Peña se ha convertido en un tótem de la interpretación.

Ha trabajado con los directores y directoras más reconocidos de España, en una versatilidad apabullante plagada de nervio emocional que hace que sus personajes, muchas veces secundarios, nunca pasen desapercibidos.

Su paso por televisión había sido muy breve hasta que en 2024 encarnó a Rosario Porto en «El caso Asunta», la recreación en miniserie de uno de los crímenes más estremecedoras de la historia del país. Como lo fue su mimetización con la madre asesina.

Sin embargo, unos años antes ya había demostrado que no se le resistía ningún personaje cuando protagonizó la serie «Hierro». Dos temporadas dirigidas por los hermanos Pepe y Jorge Coira donde encarna a una jueza con su mismo nombre y también con otros rasgos de su vida personal.

En la ficción, la magistrada llega recién destinada a la isla canaria que da título a la serie donde no le resulta nada fácil adaptarse en una comunidad de fuerte carácter. Igual que el suyo.

La cosas se complican cuando nada más llegar tiene que instruir un caso complicado: aparece asesinado Fran, un joven herrero, el mismo día en el que iba a casarse con la hija de Díaz (fantástico Darío Grandinetti), un oscuro empresario que enseguida se convierte en el principal sospechoso del crimen. Candela y Díaz están en lados opuestos de la ley, pero tienen un objetivo común: descubrir la verdad sobre el crimen.

«Hierro» arrasó con su primera temporada y sus directores alumbraron una segunda entrega que comienza poco tiempo después del final de la primera, y se centra en un caso de custodia de menores llevado por la jueza Candela.

Además de sus fantásticas panorámicas y paisajes, la serie entera es un monumento erigido en torno a la fuerte personalidad de su protagonista y un guiño a las dificultades de conciliación de muchas madres solteras (como lo es la propia actriz).

Pese a lo truculento y excesivo de algunas partes del guion, las apariciones de Candela Peña lo salvan todo. Debatiéndose entre la ternura y la consistencia, la jueza se ve desbordada por un mundo cerrado donde ella quiere abrir todas las puertas. Lo necesita para ser ella misma y también para respirar.

Lo que en un principio parece el inicio de una burbuja que acabará explotando no es más que el proceso de deriva emocional y de vínculos que Candela va creando en la isla más remota del archipiélago canario. Para gobernarlos a todos, primero, para comprenderos a todos, después.

«Hierro» es un peldaño más en la fabulosa carrera de Candela Peña. Viene a completar ese compendio de personajes femeninos que desde «La boda de Rosa», de Icíar Bollaín, la han convertido en la mejor versión de ella misma. Poder femenino para hacer el bien.

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