Del movimiento ‘Dogma 95’ a la grandiosa «Hævnen»: cuando la cineasta Susanne Bier voló libre

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Hace unos meses hablábamos de cómo la cineasta francesa Coralie Fargeat había explorado en «Revenge» una bizarra historia de venganza que resonó en muchos festivales antes de su afamada «La sustancia».

Pero mucho antes, ese axioma irrefutable de que la violencia solo engendra más violencia, ya lo había explorado otra cineasta, en su caso con mayor realismo y complejidad. Fue la directora danesa Susanne Bier en «Hævnen», película de 2010 (traducida en España como «En un mundo mejor») que consiguió ese año el Oscar a la Mejor Película de Habla no Inglesa.

Es un film que hoy está prácticamente olvidado, pese a que su revisión supera con creces el paso del tiempo. Es igual de consistente, afilado y perturbador. Y no encontramos grandes referentes actuales que se asomen de manera tan precisa a la violencia, el acoso, la muerte y la frustración, salvo la también danesa «Jinetes de la justicia», que se hizo un hueco entre el gran público gracias al boca a boca y a su demoledora moraleja. En España, quizás «Tarde para la ira» (descanse en paz Manolo Solo) ha sido lo más aproximado.

Lo interesante en «Hævnen» no es solo la historia, sino la soberbia dirección de Susanne Bier. Esta cineasta había formado parte de ese movimiento cinematográfico, muy revolucionario en su momento, denominado ‘Dogma 95’, creado por Lars von Trier Thomas Vinterbert. Bajo esas estrictas normas de rodar en localizaciones reales, usar solo sonido directo y prescindir de iluminación artificial, entre otras, la directora realizó en 2002 «Open Hearts».

Algo no terminó de convercerla dentro de las estrecheces de ese colectivo. Decidió volar libre aunque supusiera hacerlo en solitario ya sin el ‘aval’ de los fundadores del ‘Dogma’. Y lo hizo muy bien.

Realizó varios trabajos, pero «Hævnen» fue su consagración. Esta historia cruzada de amistad entre dos niños unidos por el acoso, el duelo y la violencia, con unos padres, médicos, ejecutivos, preparados, pero incapaces de evitar la tragedia, es tan sobria que duele, y tan precisa que corta como un bisturí.

La libertad de Susanne Bier le hizo componer una narrativa nada fácil donde los mensajes se entrecruzan y las conclusiones no son fáciles. Por incómodas. Por verdaderas. Fue su marca, pero así lo dejó también impreso en otros trabajos posteriores.

De hecho, su trayectoria le abrió la puertas del streaming y de sus manos salieron auténticos bombazos de audiencia como «A ciegas» o las serie «The Undoing» y la que adaptó el libro de John Le Carré «El infiltrado».

Es una directora, un talento femenino del cine, para no perder de vista. Es exquisita en sus planos, contenida en la dirección de actores y actrices, y muy compleja en su lenguaje visual, pero consigue que sus orígenes nórdicos alumbren historias tan cercanas como cualquier realidad cotidiana.

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